Animales y liderazgo: cómo las emociones dejan huella

 

Los amantes de los animales ya saben lo bien que se siente al interactuar con una mascota y es que todos somos conscientes de que nuestras mascotas dejan una huella imborrable en nuestra vida. Aquellos que tuvimos un hámster, un perro, un pez o un gato que nos acompañó en nuestra infancia y que compartió con nosotros los mejores y peores momentos de nuestra vida, lo recordaremos durante toda nuestra existencia con cierta nostalgia y alegría.

Y es que ser dueño y cuidar de una mascota proporciona unos beneficios más que comprobados a nuestra salud física y mental. Distintos estudios e investigaciones han demostrado este efecto positivo, que se puede y se está aplicando en un entorno terapéutico. En los hospitales, los animales brindan consuelo, alegría y compañía, mientras que los animales que ayudan a los cuerpos del estado son capaces de desempeñar acciones concretas y específicas en caso de emergencia médica.

Los animales pueden ayudar a los niños con discapacidades de aprendizaje, así como con el manejo de la ira, su salud mental o las dificultades de comportamiento. Incluso hay programas implementados que utilizan perros para ayudar a los niños a aprender a leer.

Por otro lado, los animales también se usan comúnmente en terapias físicas para ayudar con las habilidades motoras finas. Las acciones como cepillar el pelo, abrochar una correa o dar un paseo son acciones donde las mascotas pueden ayudar. También son de gran ayuda en procesos judiciales donde la víctima se ve obligada a testificar ante un tribunal sobre un trauma que le ha ocurrido y el posterior estrés postraumático que ha sufrido.

Y es que aprovechar el poder de los animales se está convirtiendo en una herramienta vital en el tratamiento de una variedad de afecciones y trastornos médicos, en particular los relacionados con la salud mental, pero también con las habilidades sociales y con la inteligencia emocional. Desde Youthcamp exploramos cómo exactamente tener una mascota puede hacerte un mejor líder:

1. Empatía. Al igual que la crianza de un niño, tener una mascota implica proporcionarle especial cuidado y garantizar su bienestar. Para ello, el dueño tiene que amar y preocuparse por el animal asumiendo la responsabilidad de satisfacer todas sus necesidades. Al hacerlo, se desarrolla la empatía, que es un rasgo que todos los grandes líderes comparten.

2. Compromiso. Desde alimentarlo a diario o sacarlo a pasear, cuidar de una mascota requiere tiempo e implica una gran dedicación. Tienes que hacer un

esfuerzo constante por mantener el bienestar del animal. Por lo tanto, es una lección para comprometerse con las responsabilidades y cumplir constantemente con las exigencias que el animal requiere. Este rasgo es bienvenido y recompensado en todos los ámbitos de nuestra vida, ya que la mayoría de las personas valoran enormemente a los individuos comprometidos.

3. Disciplina. En el proceso de adiestrar a la mascota, también aumentamos la capacidad de trabajar en equipo, alentándose de igual forma el hecho de ser más eficiente y eficaz. Entrenar a una mascota crea un nivel de disciplina, ya que no suele ser un proceso rápido. Esta característica la suelen tenerlas todos los líderes y es que tener un animal implica entrega.

4. La escucha y el entendimiento. Muchas personas ven a los animales como verdaderos compañeros de vida, y una de las razones es porque las mascotas son grandes oyentes de lo que nos ocurre y nos preocupa. Uno de los rasgos más queridos de un animal es su capacidad para hacerte sentir escuchado, incluso si no puede comunicarse verbalmente contigo. Esto viene a demostrar cómo de apreciada es esta característica. Es por ello por lo que todos los grandes líderes deberían desafiarse a sí mismos para aprender de sus mascotas y dedicar más tiempo a escuchar y estar presentes en cada momento para comprender mejor las emociones de los otros.