Animales y liderazgo: cómo las emociones dejan huella

 

Los amantes de los animales ya saben lo bien que se siente al interactuar con una mascota y es que todos somos conscientes de que nuestras mascotas dejan una huella imborrable en nuestra vida. Aquellos que tuvimos un hámster, un perro, un pez o un gato que nos acompañó en nuestra infancia y que compartió con nosotros los mejores y peores momentos de nuestra vida, lo recordaremos durante toda nuestra existencia con cierta nostalgia y alegría.

Y es que ser dueño y cuidar de una mascota proporciona unos beneficios más que comprobados a nuestra salud física y mental. Distintos estudios e investigaciones han demostrado este efecto positivo, que se puede y se está aplicando en un entorno terapéutico. En los hospitales, los animales brindan consuelo, alegría y compañía, mientras que los animales que ayudan a los cuerpos del estado son capaces de desempeñar acciones concretas y específicas en caso de emergencia médica.

Los animales pueden ayudar a los niños con discapacidades de aprendizaje, así como con el manejo de la ira, su salud mental o las dificultades de comportamiento. Incluso hay programas implementados que utilizan perros para ayudar a los niños a aprender a leer.

Por otro lado, los animales también se usan comúnmente en terapias físicas para ayudar con las habilidades motoras finas. Las acciones como cepillar el pelo, abrochar una correa o dar un paseo son acciones donde las mascotas pueden ayudar. También son de gran ayuda en procesos judiciales donde la víctima se ve obligada a testificar ante un tribunal sobre un trauma que le ha ocurrido y el posterior estrés postraumático que ha sufrido.

Y es que aprovechar el poder de los animales se está convirtiendo en una herramienta vital en el tratamiento de una variedad de afecciones y trastornos médicos, en particular los relacionados con la salud mental, pero también con las habilidades sociales y con la inteligencia emocional. Desde Youthcamp exploramos cómo exactamente tener una mascota puede hacerte un mejor líder:

1. Empatía. Al igual que la crianza de un niño, tener una mascota implica proporcionarle especial cuidado y garantizar su bienestar. Para ello, el dueño tiene que amar y preocuparse por el animal asumiendo la responsabilidad de satisfacer todas sus necesidades. Al hacerlo, se desarrolla la empatía, que es un rasgo que todos los grandes líderes comparten.

2. Compromiso. Desde alimentarlo a diario o sacarlo a pasear, cuidar de una mascota requiere tiempo e implica una gran dedicación. Tienes que hacer un

esfuerzo constante por mantener el bienestar del animal. Por lo tanto, es una lección para comprometerse con las responsabilidades y cumplir constantemente con las exigencias que el animal requiere. Este rasgo es bienvenido y recompensado en todos los ámbitos de nuestra vida, ya que la mayoría de las personas valoran enormemente a los individuos comprometidos.

3. Disciplina. En el proceso de adiestrar a la mascota, también aumentamos la capacidad de trabajar en equipo, alentándose de igual forma el hecho de ser más eficiente y eficaz. Entrenar a una mascota crea un nivel de disciplina, ya que no suele ser un proceso rápido. Esta característica la suelen tenerlas todos los líderes y es que tener un animal implica entrega.

4. La escucha y el entendimiento. Muchas personas ven a los animales como verdaderos compañeros de vida, y una de las razones es porque las mascotas son grandes oyentes de lo que nos ocurre y nos preocupa. Uno de los rasgos más queridos de un animal es su capacidad para hacerte sentir escuchado, incluso si no puede comunicarse verbalmente contigo. Esto viene a demostrar cómo de apreciada es esta característica. Es por ello por lo que todos los grandes líderes deberían desafiarse a sí mismos para aprender de sus mascotas y dedicar más tiempo a escuchar y estar presentes en cada momento para comprender mejor las emociones de los otros.

Niños pensadores: trabaja su inteligencia emocional, su pensamiento crítico y lateral

Para que los jóvenes prosperen en el mundo actual es necesario que aprendan a pensar. No obstante, no hay un consenso claro sobre cómo hacerlo o qué es lo mejor para el futuro de los niños. Lo que si es cierto es que, si queremos que nuestros hijos tengan mentes flexibles que puedan absorber fácilmente nueva información y responder a problemas complejos, debemos desarrollar sus habilidades de pensamiento crítico. Eso es lo que asegura el profesor Brian Oshiro y en lo que estamos de acuerdo desde Youthcamp.

En la vida adulta todos tenemos que lidiar con preguntas que son mucho más complicadas que las que se encuentran en un examen con respuesta múltiple. Por ello, necesitamos darles a nuestros hijos, sobrinos o alumnos la oportunidad de lidiar con preguntas que no necesariamente tienen una respuesta correcta.

¿Cómo podemos entonces enseñar a los niños a pensar críticamente desde una edad temprana? Fácil, podemos hacerlo a través de una habilidad innata de los pequeños: hacer preguntas.

1. Pregunte más cómo y por qué. Ante cualquier pregunta hay dos posibles respuestas: la más rápida que da un falso sentido de seguridad, pero de conocimiento superficial y otra más profunda que hace que los niños tengan que ir más allá de los hechos y realmente pensar en un tema y sus efectos. Las preguntas de localización brindan a los jóvenes la oportunidad de conectar cualquier conocimiento que tengan con algo personal, con sus vidas.

  1. Ante cualquier afirmación, podemos preguntar cómo sabes esto o cómo estás tan seguro. Así los niños se ven obligados a proporcionar algún tipo de evidencia y ser capaces de defender su respuesta contra algún ataque lógico. Responder a preguntas como éstas requiere que los jóvenes reflexionen sobre sus afirmaciones y evalúen de dónde obtienen su información y la veracidad de sus fuentes.
  2. Tú perspectiva es diferente a la de otras personas. Es importante ayudar a que los niños se den cuenta de las prioridades y preocupaciones de los demás, así como tratar de entender sus perspectivas. Todos ellos conceptos esenciales de la resolución creativa de problemas.

4. Pregúntales cómo pueden resolver el problema. Responder a esta pregunta requerirá que los niños sinteticen todos sus conocimientos sobre el tema y barajen una variedad de enfoques con los que poder abordar la causa.

Para pensar de forma crítica, no tenemos que ser unos expertos en el tema. Como padres, familia o educadores basta con enseñarles a pensar por ellos mismos. Nuestra función será formular las preguntas, escucharlos y orientarles. El pensamiento crítico no es solo para los jóvenes, por supuesto. También los padres podemos aprender.

Adolescentes emocionalmente inteligentes y la relación con sus padres

 En estos tiempos, donde los jóvenes están pegados a sus smartphones y siempre permanecen conectados, y los padres están llenos de ansiedad por el bienestar de sus hijos, ¿cómo podemos fomentar conexiones sólidas y de apoyo? ¿Cómo pueden los padres conectarse mejor con sus hijos? ¿Cómo podemos hacer que la crianza sea un poco menos estresante? ¿Y qué es la inteligencia emocional y cómo accedemos a ella? Estas son las enormes dudas que nos asaltan a todos los padres.

 

Desde Youthcampseñalamos que todo comienza por aceptar las emociones y abrir el corazón. Una situación muy casualque se da en muchas familias es esta: Pablo es un niño de 11 años al que generalmente le gustaba estar activo, pero un fin de semana sus emociones se salen de control. Un concierto, un partido de fútbol y una visita familiar a casa de sus tíos significa no tener tiempos para sí mismo. Y así él se lo hace saber a sus padres con una rabieta y a través de quejas constantes.

 

Su padre mantuvo la calma durante la mayor parte del fin de semana, pero al final no pudo evitar hablar con su hijo y darle un consejo paternal: ‘Te has pasado todo el fin de semana hablando sobre lo ocupado que estás y sobre la falta de tiempo. Tal vez necesites abandonar alguna de las actividades para no sentirte tan estresado’. Sin embargo, el desaliento de Pablo continúo.

 

Mientras, la madre de Pablo se decantó por emplear una táctica diferente. Ella tenía una corazonada sobre que algo más estaba molestando a su hijo y decidió hablar con él: ‘Cuando hablas parece que te pasa algo más grande. ¿Qué es lo que te preocupa?’. Y ahí Pablo consiguió reaccionar y abrirse: ‘Tengo que hacer una presentación en el colegio frente a toda la clase y no tengo tiempo de prepararla. Todos se reirán de mí y va a ser horrible’. A esto su madre le respondió: ‘Dar una charla frente a otros puede ser estresante, por lo que tiene sentido que te sientas así y comprendo lo que te ocurra’.

 

En este momento, Pablo se sintió aliviado porque su madre había comprendido cómo se sentía. De hecho, su madre había desbloqueado el problema para él y juntos habían reflexionado sobre cómo se sentía. Mientras el padre de Pablo se centró en su comportamiento y respondió en base a él (con consejos bien intencionados sobre su comportamiento futuro), mientras que su madre se centró en los sentimientos que pudieran provocar ese comportamiento en su hijo y actuó como un posible conductor de las emociones de su hijo.

 

No obstante, los padres emocionalmente inteligentes no pasan por alto el comportamiento de los niños y les permiten hacer lo que les plazca. Hay veces que es necesario enfocarse en el comportamiento del jovensi este no es correcto. Un niño que muestra una actitud grosera en público debe ser reprendido por su conducta y se le deben explicar en términos muy claros que esos modales son inapropiados. Sin embargo, existen momentos en los que los padres deben ser más inteligentes y mirar más allá de lo obvio. En estos casos, se deben poner en marcha conductas para lograr el entendimiento de lo que le está pasando a su hijo, así como para ayudar a entender y manejar mejor sus emociones.

 

4 CARACTERÍSTICAS DE LOS PADRES EMOCIONALMENTE INTELIGENTE

 

Entonces, ¿qué hace a un padre emocionalmente inteligente? Los padres emocionalmente inteligentes tienen cuatro características en común:

 

  1. Escucha más y juzga menos. No hay nada mejor que ser entendido. Por ello, los padres que operan desde una mentalidad emocionalmente inteligente es más probable que escuche a sus hijos cuando las emociones den muestras de estar latentes, intentando acceder a lo que de verdad esté pasando en lugar de reprender su comportamiento y apostar por entenderlo.

 

IMPACTO: Más abiertas y mejores relaciones.

 

  1. Acepta las emociones fuertes. Cualquiera que viva con adolescentes sabrá que las emociones pueden escalar muy alto. Ellos pueden decir las peores cosas posibles de cada uno. Unas veces sobre otros y otras veces sobre ti. Diez minutos después de decir las cosas más hirientes, pueden estar abrazando a la persona víctima de su ira, frustración o ansiedad. Los padres emocionalmente inteligentes saben que los sentimientos deben expresarse en lugar de ser reprimidos, pero hay que enfocarlos y ayudarlos a gestionarlos antes de expresarlo.

 

IMPACTO: Una expresión saludable de las emociones.

 

  1. Centrarse en el presente. La mayoría de los padres se enfocan legítimamente en el futuro. Nos centramos en la tarea que debe entregarse mañana; en la lavadora que hay que poner; la comida que hay que cocinar… Eso es parte de la vida cotidiana. Los niños generalmente se enfocan en el aquí y ahora. Eso, por supuesto, puede ser frustrante para una madre o un padre orientados hacia el futuro y orientados hacia las tareas. Sin embargo, cuando bajamos la vista, es más probable que aprendamos cómo se sienten los niños y, lo que es más importante, como ayudarlos a entender y manejar sus estados de ánimo y emociones.

 

IMPACTO: Familias más felices y menos estrés en casa.

 

  1. Usa las reglas en lugar de sus estados de ánimo para determinar la disciplina. Algunos padres disciplinan de acuerdo a sus estados de ánimo. Si se sienten bien, dan a los niños mucha indulgencia. Si se sienten mal, entonces reprenden a sus hijos por cada pequeño error. Es mejor atenerse a las reglas impuestas por la familia y la casa. Eso te hace más predecible, algo que los niños realmente anhelan.

 

IMPACTO: Una paternidad más consistente

Cómo erradicar los estereotipos sexistas en los adolescentes

Si bien es cierto que en los últimos años se ha avanzado en cuestión de coeducación, lo cierto es que todavía queda un largo camino por recorrer. Y es que la sociedad actual sigue siendo “patriarcal” y por ello, los chicos y las chicas de hoy están repitiendo los mismos roles y patrones de comportamiento de antaño.

El género es una representación cultural, que contiene ideas, prejuicios, valores, normas, deberes y prohibiciones sobre la vida de los chicos y las chicas. Así se considera que los jóvenes no son iguales, cada uno tiene su propia función en la vida, puesto que la cultura les atribuye unas determinadas cualidades que distinguen a la mujer del varón.

Los jóvenes interiorizan los patrones culturales o estereotipos de género que la sociedad le ha transmitido desde la más tierna infancia y así, se les traspasa información que hoy en día queda obsoleta. Marcan su forma de relacionarse que sutilmente les fue inculcada y que hoy en la adolescencia resurge y crea patrones de relación repitiendo esos modelos obsoletos, generando la diferenciación.

En Youthcamp trabajamos a diario con jóvenes, y vemos que la coeducación es la única alternativa para evitar todo esto. Sin embargo, esta responsabilidad de coeducar no debería recaer de forma exclusiva en las escuelas, colegios e incluso centros lúdicos, sino que debería ser una responsabilidad compartida, es decir del conjunto de la sociedad. Por ello, insistimos en que se debería entender la urgencia del asunto, la importancia del problema para erradicar los estereotipos sexistas.

Los niños y las niñas no nacen con un patrón de comportamiento predeterminado, los modelos referentes los perciben de la sociedad. Y es que los modos en cómo se transmiten estos estereotipos van desde las expectativas de los adultos sobre el comportamiento de los adolescentes, la presión de los iguales, aquellos que aceptaron el estereotipo que les traspasaron los adultos, los medios de comunicación y su poder en dictar como es el/la adolescente ideal hasta los libros de texto o los cuentos. Esto hace que adopten esos estereotipos sexistas y los asuman como los correctos.

Por ello, asumir estos referentes culturales para los jóvenes en una sociedad cambiante no se hace fácil, ya que deben ir rompiendo patrones, como la capacidad intelectual en tareas tecnológicas en las chicas o en la dimensión afectivo-emocional en los chicos. Así nos lo muestran abundantes resultados de estudios empíricos, de forma reiterada, que existe un comportamiento diferenciado de género en la elección de carreras universitarias y/o profesionales.

Tanto es así, que la falta de fuerza, de autoconfianza o interés por las cuestiones universales por ejemplo, que se atribuye a las chicas como estereotipos culturales, puede llevar a una baja autoestima provocando dependencia e inseguridad y una identidad débil dispuesta a ser infravalorada. Así en la etapa de secundaria las jóvenes con bajo concepto de su identidad pueden renunciar a ciertos estudios por no creer en su propia capacidad a causa de creencias arraigadas que se pueden transformar. Si realmente la sociedad quiere disponer de todo el talento de las jóvenes hay que empoderarlas en lugar de infravalorarlas y creer en su curiosidad y capacidad al mismo nivel que los chicos. Asimismo, la prepotencia masculina es caldo de cultivo de abusos y agresividad y de una identidad “superiorizada” que acarrea invasión y negación de lo impropio. Puede generar un efecto no deseado como el tener que cargar con el peso del rol asignado, no cumplir las expectativas del estereotipo o no poder expresar de forma abierta sus emociones o inseguridades.

En consecuencia, la sociedad, en constante movimiento, tiene el reto de pasar de una educación androcéntrica a la incorporación de nuevas formas de expresión y educación sin distinción de sexo, raza, religión o condición. Trabajar la diversidad y el enriquecimiento de las relaciones entre los y las jóvenes aportando modelos de igualdad en todos los ámbitos de su vida, generando igualdad de oportunidades y evolucionando hacia una sociedad más avanzada, conectada y que piensa en la humanidad y su crecimiento.

Los líderes que más influencia ejercen en los jóvenes españoles

Desde siempre, los adolescentes han admirado a jóvenes guapos, ricos y famosos. Sin embargo, ahora, en plena era digital se amplía el círculo con bloggers o youtubers que venden imágenes, ideas y contenidos a través de las redes sociales.

Ahora mismo youtubers, instagramers o influencers son los ídolos de los más jóvenes. Publican imágenes, ideas y contenidos que, sin saber si son ciertos o no, ejercen una gran influencia sobre ellos.

Liderazgo: dame un like, sígueme y comparte

En el mundo actual la comunicación es inmediata y la forma en la que se desenvuelven las actuales generaciones de adolescentes es totalmente diferente a la de hace algunos años. Y es que, lo que se dice o se publica no importa si es verdad o mentira, la cuestión es salir, que hablen de ti y que te sigan. Por lo tanto, el tipo de comunicación y comentarios que fluyen en masa por las redes sociales provocan que el adolescente se preste a hacerse seguidor de diferentes causas y sobre todo si están dirigidas por sus ídolos.

La coeducación entre familias y educadores. Educación tecnológica

Tanto familias, escuela y sociedad ven cada vez con mayor consciencia la influencia que ejerce el acceso a estas redes y contenidos entre los más jóvenes, y cómo estos no tienen suficiente capacidad autocrítica para saber elegir. Por ello, es imperioso que todas las partes se esfuercen por coeducar a los más jóvenes para evitar situaciones de peligro.

El liderazgo en el poder político

Este tipo de comportamiento también no solamente se da entre los más jóvenes, lo cierto es que también aflora en los líderes de los adultos, muy especialmente en una parte del liderazgo político actual español, ensalzando a personajes cuya conducta no es deseable.

Estamos en tiempos convulsos y se están enviando mensajes con impacto e influencia que tiene una mirada cortoplacista y con objetivos que denotan falta de habilidades propias de un líder, como poca apertura y flexibilidad, un bajo nivel de escucha y curiosidad, falta de empatía y sobre todo falta una mirada de humanidad. Y también parece que no importa si dicen verdades a medias o no verdades para conseguir que hablen de ellos y les sigan, y eso no es liderazgo.

Si los políticos son las personas que influyen en el comportamiento, pensamiento y forma de actuar, ¿Cuál es esa influencia a día de hoy? ¿Cuál es el mensaje que se está enviando a las nuevas generaciones que liderarán en el futuro? ¿Todo vale si te votan? ¿Todo vale si te siguen? ¿Ese es el mensaje a nuestros jóvenes?

El liderazgo no es eso, el liderazgo es inspirar a las personas, es tener capacidad crítica, es saber gestionar los conflictos con habilidad y ganando las dos partes, es

tener empatía y saber ponerte en los zapatos del otro, es escuchar, es reconocer cuando te equivocas y aprender de tus errores, es integridad y humildad.

Y eso es algo que no se ve en muchos de nuestros políticos actuales. Por ello, no vemos cómo pueden ejercer una influencia positiva en nuestros jóvenes para que el día de mañana puedan ellos ser esos líderes del futuro que crean un mundo más sostenible, empático y humano.

Invertir en su futuro y en el desarrollo de su liderazgo hará que nuestros adolescentes y jóvenes sepan distinguir, elegir y desarrollar su capacidad crítica.

EL PASO HACIA LA SECUNDARIA


Los adolescentes al acabar la primaria cierran la etapa de la infancia con muchas ganas, ilusiones, expectativas y cambios a todos los niveles. Dejan atrás un entorno seguro con los compañeros y amigos de la infancia, los maestros que te acompañaban y la monitorización del aprendizaje.

Aparece el momento de empezar a volar. El cambio de centro hacia el instituto o la escuela de secundaria, donde los que empiezan son los más pequeños y no saben todavía “las reglas del juego”, supone el primer reto a afrontar. Será clave tener una buena red de amigos y compañeros para poder compartir estos momentos de incertidumbre.

El nivel de madurez del adolescente, la responsabilidad y las estrategias que haya desarrollado para afrontar las dificultades, habilidades emocionales, sociales y relacionales incluidas, definirá su grado de éxito escolar y también de relaciones y pertenencia al grupo. Las habilidades emocionales o gestión de las emociones se aprenden. Las emociones a menudo pueden desestabilizarnos y si aprendemos a conocernos y saber qué emoción nos invade y que puedo hacer con ella, es decir, como volver a mi equilibrio emocional, me permitirá tener cierto control y enfocarme en la tarea escolar o aquello que esté haciendo.

El éxito escolar y las relaciones sociales, tan importantes en esta etapa, contribuirán en su grado de autoestima,
en la percepción que tienen de ellos mismos, la aceptación de los cambios y de su cuerpo así como las comparaciones que suelen hacer con los ideales a las redes sociales, anuncios, películas, etcétera.

Los cambios físicos a los cuales se ven sometidos los adolescentes y la gran transformación que experimentan en su apariencia física, supone para ellos una re- elaboración de cuál es su imagen corporal y su atractivo.
Además en esta transformación hay que añadir cambios en el cerebro del adolescente. Aunque no existen muchos estudios sobre este tema, sí que se pueden destacar diferencias importantes de la comparación del cerebro antes y después de la pubertad, en las neuronas y en la estructura del cerebro.

Estos cambios cerebrales se han vinculado a transformaciones en diferentes áreas de conducta. (Blakemore y Choudhury, 2006) Las autoras apuntan a la influencia de estos

cambios en el desarrollo de funciones intelectuales ejecutivas tales como, la atención

selectiva, la toma de decisiones o la inhibición de respuestas, entre las más destacadas.

Los cambios respecto al cuerpo están influidos no solo por la aparición de estos, sino también por los rasgos psicológicos del adolescente y la influencia del entorno, es decir, familia, amigos, escuela y patrones culturales.
Por lo tanto, el factor psicológico de la percepción que los adolescentes tienen sobre su cuerpo forma parte de su auto-concepto y además tiene una gran influencia en su autoestima.

Seguidamente podemos apreciar que en esta etapa los adolescentes pueden ser muy sensibles y fácilmente se puede influir en ellos. Su capacidad crítica y analítica es baja y por tanto son altamente sugestionables.
En esta etapa de transformación los jóvenes centran su mundo en la apariencia física que simboliza el éxito personal y social.

Por lo tanto, por un lado el estímulo y el refuerzo en su capacidad crítica y analítica es fundamental para formar su carácter. Los aprendizajes tienen que enfocarse más en esta parte que en la memorización de conceptos.
Crear debates discusiones y saber defenderlos estimula la mente y el interés de los jóvenes. Animarlos a participar sin cortar la creatividad, juzgar o dirigir más bien inspirándolos. Cuantas más oportunidades tengan de expresarse con libertad mejor para su capacidad crítica y la autoestima.

Despertar en ellos el espíritu crítico, es también, prestar atención en cómo son las relaciones con los compañeros, empatitzar cuando hay relaciones tóxicas o de desprecio y ser valientes para afrontarlo. La diversidad está cada vez más presente en las aulas y a la nuestra sociedad. Puede parecer un tópico pero tenemos que despertar la sensibilidad de los jóvenes para ver los compañeros como seres humanos iguales, sin distinción de estatus, raza, sexo o religión y estimularlos a ver la riqueza que hay en la diferencia.

Por otro lado el refuerzo en la aceptación de su físico, huyendo de los modelos ideales y de los estereotipos que aparecen en las redes, cultivando los valores personales y la autoconfianza.
Valorarse tener confianza en sí mismos y motivación personal es clave para su éxito personal y escolar en esta transición a la secundaria. Empoderar a los jóvenes para tomar sus propias decisiones y responsabilizarse de ellas. Organizarse en los tiempos de estudio, poner foco y aprender a ponerse metas a corto y medio plazo para poder medir sus progresos los ayudará a ver, valorar y celebrar los éxitos.

Es importante ayudarlos a construir el carácter y personalidad desde el refuerzo, el aprecio y la aceptación de ellos mismos y esto contribuirá muy positivamente en su rendimiento y éxito personal.

¡Cuánto duele mi primer amor!

Todos hemos sido adolescentes. Ahora son nuestros hijos quienes están pasando por esa etapa.

 

¿Recuerdas cuánto dolían los primeros amores? ¿Cómo dolía la ruptura o el no ser correspondid@?

 

Te lo recordamos: Nadie parece entender que ocurre ahí dentro, donde duele, donde hay mil pedazos, donde no hay sentido. ¿Cómo recomponerse, cómo unir de nuevo los mil pedazos de mi y seguir viviendo allí fuera con el torbellino de dentro?.

 

Como adolescentes y futuros adultos, es importante que nuestros hijos aprendan a abrir y cerrar relaciones de forma sana, desde el respeto hacia sí mismo y hacia el otro.

También a aprender a vivir con las emociones y gestionarlas, a tener un diálogo interno positivo.

Que entiendan que las relaciones son una fuente de aprendizaje muy valiosa para su futuro, que les formará parte de su carácter y personalidad.

 

Desde Youthcamp os animamos a que mantengáis conversaciones con vuestros hijos sobre estos temas, les encantará escuchar cómo erais vosotros a su edad y que les escuchéis.

 

Su desarrollo personal, en habilidades emocionales y relacionales es también esencial y les ayudará a vivir la etapa de la adolescencia con más tranquilidad, seguridad y confianza.

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